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Valoramos a nuestros ancianos?

Envejecer en la cultura del descarte.

Extracto del Artículo de Miguel Pastorino - 21 de junio 2016.

Publicado en aleteia.org



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Aumenta en el mundo un fenómeno preocupante: el maltrato al anciano, sobre todo por parte de sus familiares

La expresión “cultura del descarte”, que en más de una oportunidad ha utilizado el Papa Francisco, nos evoca un modo de pensar y vivir que nos deshumaniza progresivamente. ¿Qué es lo que más se valora en la cultura dominante? Responder a esta pregunta nos puede ayudar a comprender las causas de la indiferencia ante los ancianos, especialmente hacia los más vulnerables.

Vivimos en una sociedad del rendimiento y la productividad, en la que un ser humano es lo que rinde, lo que produce. El valor que uno da a sí mismo y a los demás está pautado por este aire sociocultural que respiramos, donde los valores que se imponen son los del mercado, en todos los ámbitos de la vida y de las relaciones humanas: ¡vale lo que produce!

En este contexto es comprensible que aquello en lo que se apoyaba la propia autoestima de las personas jóvenes, con la vejez vaya desapareciendo y con ello también sientan la desvalorización por parte de los demás.

Cuando el valor de la propia vida depende del tipo de trabajo que se realiza, de la productividad, de la influencia y posición social, de la apariencia y la fuerza física, de la independencia económica, de la eficiencia profesional, y estas cosas comienzan a perderse por la edad, aparecen sentimientos de una gran frustración e impotencia, al tiempo que una desorientación general sobre el sentido de la vida y el sentimiento creciente de sentirse una “carga” o un “estorbo” para los demás. Pero esto se recrudece cuando los más jóvenes ven a los ancianos como cargas y estorbos, llegando a vivir con “normalidad” situaciones de auténtico maltrato y vulneración de los derechos de las personas ancianas.

El pasado 15 de junio se celebró, como cada año desde el 2012 por resolución de la ONU, el día mundial contra el abuso y maltrato en la vejez. En varios países ese día se realizan campañas contra el maltrato a los ancianos y hay varias organizaciones preocupadas por este tema, que afecta a millones de seres humanos que merecen la atención de la comunidad internacional y de cada uno de nosotros.

La expectativa de vida ha aumentado considerablemente; además, las personas se mantienen sanas durante más tiempo y según estimaciones recientes, para el año 2050 más del 20% de la población mundial tendrá más de 60 años.

Por otra parte, el envejecimiento se va haciendo cada vez más diferenciado, ya que podemos distinguir varias etapas dentro de la propia vejez. Por un lado están los “ancianos jóvenes”, recién jubilados, que todavía están muy sanos de cuerpo y mente, y pueden seguir muy activos después de los 60 y 65 años. Luego hay otros que ya sufren deterioros importantes de salud y otros que ya no se valen por sí mismos y necesitan atención permanente. Finalmente están aquellos que por padecer enfermedades que provocan trastornos de la personalidad -senilidad o Alzheimer-, tienen una dependencia absoluta para sus cuidados.


Valóralos: no los maltrates

No valorarlos nos ha llevado a perder la sensibilidad ante su maltrato cotidiano, que pasa inadvertido incluso para sus propios hijos y nietos. El abuso y el maltrato a los ancianos no solo existe en la calle, en algunos centros de salud, sino también en el propio hogar. El maltrato a los mayores es un grave problema de salud pública y un drama para toda la sociedad.

En varios países no solo hay denuncias cotidianas de violencia intrafamiliar, sino de abusos de apropiación de sus ingresos y viviendas. El abandono, la omisión de asistencia, abusos financieros, desalojos y maltrato psicológico y físico, son el pan cotidiano de muchos de nuestros abuelos. Los maltratadores en la mayoría de los casos son los mismos hijos y nietos. Muchos ni siquiera ven el abandono como una forma de maltrato.


Un tesoro olvidado

Todavía hoy en otras culturas, el anciano es un tesoro de sabiduría, alguien reverenciado por su trayectoria temporal, por su experiencia vital, por su talento acumulado. Los ancianos son los que han salvado los tesoros más ricos de las tradiciones humanas. Nosotros hemos perdido la memoria de su lugar en el mundo.

El dominio de la lógica tecnoeconómica en todos los ámbitos de la vida y los valores que se imponen nos han dejado ciegos ante el tesoro que esconde la vejez.


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